Test conciertil: Andrés Calamaro – Santander 26/07/2014


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1.  Síntomas en el preconcierto

Miedo. Salvo omisión es mi 11º concierto de Calamaro y nunca he ido con esta sensación, cosa que ya no anticipa nada bueno.

2. Diagnóstico clínico al desmayarse la luz (sí, esto es de LOL)

Cuando llegamos suena “Todavía una canción de amor”, la que siempre digo que es mi canción favorita ever y la culpable de todo lo que vino después. Sonrío como una idiota hasta que entra la voz.

3. Cuando empieza la primera canción, ¿qué te pasa por el cuerpo?

¿Pero esto qué es?¿Pero que pasa? ¿Qué invento es este? ¡¡Sois destructores!!

4. Momento estrella del concierto y por qué.

La Jam de presentación de los músicos porque no había voz. Y Loco, porque su ritmo funky es contagioso y te da un poco igual que haya un gato chillando la letra.

5. ¿A qué te sabe la boca cuando acaban los aplausos?

A querer huir rápido de allí, y al programa de Mª Teresa Campos.

6. Constantes vitales al terminar

Me emociono más en cualquier verbena que toca Sin documentos.

7. Tratamiento recomendado

Enchufarse el Básico 99 Madrid para muerte por comparación.

Usar los vídeos de conciertos actuales para campañas de prevención antidroga.

Si alguna vez se vuelve a tener ganas de ir a un concierto de Calamaro invertir el dinero de la entrada en una mariscada.

 

Beatriz

1.  Síntomas en el preconcierto

Felicidad de día perfecto.

2. Diagnóstico clínico al desmayarse la luz (sí, esto es de LOL)

La luz no se desmaya porque entramos después de 2 controles de seguridad con el concierto empezado.

3. Cuando empieza la primera canción, ¿qué te pasa por el cuerpo?

A ver si se acaba ya el momento pose y entramos en harina.

4. Momento estrella del concierto y por qué.

La Jam de presentación de los músicos que fue clarísimamente el momento más aplaudido de la noche lo que me pareció muy justo y a la vez tristemente indicativo de la energía del concierto.  Si el que me tiene que meter en su mundo está lejos y se quita las gafas de sol solo para recibir aplausos (¿?), no demuestra estar disfrutando ni un solo minuto ahí arriba y dedica el tiempo a poner distancia, esa distancia se crea incluso contra la voluntad de un público que, como bien dijo Arancha Moreno en un tuit el otro día, a veces malcría a la estrella.

5. ¿A qué te sabe la boca cuando acaban los aplausos?

Amargo. El problema no es que desafine (que desafinó muchísimo, diga él lo que diga y hay vídeos que lo demuestran ) el problema es que da igual decir solapa, madrugada, jamás, tal vez, amor, despechada, oír, perder. Es decir, que no hay ninguna emoción, ni ningún interés por transmitir nada. Hay mecánica y la certeza de saber que hagas lo que hagas estará bien. Porque eres una leyenda viva del rock en español. Y sí, Calamaro es historia viva del rock pero eso, en mi mundo sin héroes, no te da carta blanca ni te exime de hacer un concierto en el que el público importe algo más que como relleno.

6. Constantes vitales al terminar

Una especie de miedo o aviso o lo que sea. Salir de la campa caminando lenta pensando (y diciendo) que no sé si podré ir, dentro de 10 años, a un concierto de Cullum, Quique o Glen (que no les pase a ninguno de ellos tres por Dior) y marcharme pensando que no me dijeron nada, que no se comunicaron conmigo de ninguna forma, que esa magia que hacen ahora y que parece tan fácil, se diluya en ser una estrella o una leyenda o un dios menor o lo que sea que hace que te rodees de gente que te diga solo y exclusivamente lo que quieres oír hasta que llega un punto en el que te puedes pasar 2h haciendo lo que supuestamente más te gusta hacer sin ser capaz de sonreír ni una sola vez.
Ni siquiera enseñar los dientes como un animal rabioso que se revuelve cuando el público se distrae, se dispersa, se comporta como si en el escenario no estuviese pasando absolutamente nada de interés.

7. Tratamiento recomendado

Seguir disfrutando de los conciertos que me hacen feliz. Todavía más ahora que contemplo la posibilidad de que un día deje de pasarme. Recordar siempre que quiero seguir siendo ese animal humano hedonista que repite las conductas que le dan placer y abandona las que no. Porque entre este Estadio Azteca de Madrid y el de la otra noche en Santander han pasado solo 9 años y a la vez un mundo.

 

La imagen de portada la hemos tomado prestada de Teinteresa.es. donde reseñan el concierto sin meterse en nuestros jardines…

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