Bailar en el Circo Price (con Jorge Drexler)


drexler_ok

Creo que no voy a poder volver a un concierto de Drexler sin fijarme en cuánto suda. Es imposible después de leer en esa entrevista que si no está a gusto en el escenario rompe a sudar. El sistema parasimpático.

Anoche, desde la primera fila de la pista circense del Price, no le vi sudar casi nada. Le vi en cambio bailar mucho, mover el culo, las caderas, los hombros… Y los pies. Porque a Drexler, claro, le sale el moonwalker o se la pelan los consejos de baile masculino de la GQ que dicen que mejor barra fija y unipaso.
Y por eso Drexler es de esos hombres que nos gustan muchísimo. Porque se divierte bailando y no hace caso a consejos chorra del siglo pasado.
Creo que he dicho demasiadas veces que los procesos de las canciones de Drexler me recuerdan a los míos. Puede que por eso me ayuden a deshacer los nudos.
Hay algo racional y algo de abandono en lo que Drexler es cuando se sube a un escenario e intuyo que también cuando vive. Hay algo de abandono no solo ahora que es su propio cuerpo de baile, ya antes estaba eso. Necesitar tener claras las cosas para luego dejarse ir, dejarse deslizar donde sea que lo que sea te lleve.
Hay eso en Drexler de tirarse a la piscina después de haber calculado que la probabilidad real de abrirse la crisma es estadísticamente despreciable.Y que sea lo que sea. Jackson Browne mezclado con Lenon.
Ayer subió a Ariel Rot a tocar “Data data” y todo sonaba maravilloso. Podrían haberlo dejado ahí, pero lo volvió a invitar en Luna de Rasquí sin haberla ensayado juntos. Ese es el ejemplo perfecto de lo que para mi es Drexler y de por qué me gusta tanto. Me siento muy identificada con esa forma de hacer las cosas.

Y esas maneras me gustan más que el control absoluto de todo (que es un espejismo igual de absoluto) o la histeria permanente de la improvisación completa y el “que salga el sol por Antequera”.
Tampoco sé si es un término medio. No creo que haya nada de término medio en necesitar entender los procesos. En amar las tramas.

Ayer Drexler tocó seguidas dos de mis canciones suyas favoritas: Luna de espejos que me enamoró hace casi 20 años (se dice pronto) cuando aquellos primeros lentos estaban frescos en la memoria. Y Don de fluir.
Porque bailas como quien respira. Con un antiguo don de fluir…
El antecedente de este bailar en la cueva. Lo atávico que se perpetúa por beneficioso.
Había visto vídeos de los conciertos de la gira y me encantaba que el set list no fuese algo rígido, inamovible, fijo. Algo a lo que agarrarse para evitar cualquier forma de vértigo.
Bailar es vértigo del bueno, aunque te equivoques, los conciertos son vértigo del bueno. El vértigo es mejor que la planicie de eso que llaman “zona de confort” y que termina por destrozarte de aburrimiento confundido con el “estar bien” o “estar tranquilo” que dicen los famosos en los programas de corazón cuando les preguntan, al salir del ave, si se han echado churri.
Esta banda se divierte y se deja ir y otra vez que sea lo que sea. Y tocan una que no han ensayado y suena bien. Auténtica. No perfecta, claro. Porque no sabemos qué es eso.
Y el Amar la trama que tocó en Chile, que vi en yutuf y que ya me resultó maravilloso, no se parecía casi nada al Amar la trama que tocó anoche y que me gustó todavía más. Infinitamente más porque sonaba al ritmo de mi cuerpo en ese preciso momento.
Dice Drexler que no cree en las recetas de la felicidad. Yo, después de lo de ayer, sí creo, claro que creo. No sé cómo funciona la alquimia. Pero sé que ellos, desde el escenario del Circo Price, el día que granizó en Madrid en pleno verano, fabricaron felicidad a raudales.
Cada uno da lo que recibe, supongo. Y yo llevaba unas sandalias planas que compré hace muchos años al volver de Salvador de Bahía puede que solo para desgastarlas bailando y bailando y luciendo como una linterna en la pista circense. Puede que comprase aquellas sandalias solo para caminar por Madrid al salir a una noche de verano norteño donde no sobraba la chaqueta ni faltaba nada. Cantando “Me haces bien” y pensando que a Drexler deberían recetarlo en la Seguridad Social.
Gracias @littledesastre por la fotaca (hecha con el móvil, aclaro) pero sobre todo por esta y todas las veces que llegas pronto mientras corro por Madrí y tienes el mejor sitio reservado para que yo solo tenga que llegar, sentirme un poco caradura y disfrutar.
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Set List (aproximado, porque no lo anoté)

  1. Bailar en la cueva
  2. Esfera
  3. Transporte
  4. Cai creo que caí
  5. Tamborero
  6. Las transeuntes
  7. Sanar
  8. Luna de espejos
  9. Don de fluir
  10. Guitarra y vos
  11. Stay-Beautiful Boy-Sea
  12. La edad del cielo
  13. La trama
  14. Todo cae
  15. Esfera
  16. Paparazzo
  17. Data Data (con Ariel)
  18. Deseo (con Charlie Bautista)
  19. Bolivia
    —————————
  20. Universos paralelos
  21. Luna de Rasquí
    —————————
  22. Todo se transforma
  23. Me haces bien
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Comments
2 Responses to “Bailar en el Circo Price (con Jorge Drexler)”
  1. Que esta banda se divierte es evidente, se lo pasan bien, desde luego, pero siempre he visto a Drexler, tanto en solitario como con banda, disfrutar en el escenario. Todos sus conciertos han tenido, además, ese ratito en el que toca “off the record”, ya sabes, cuando improvisa, cuando censura amablemente a la concurrencia por el abuso de las palmas, cuando atiende peticiones, momentos únicos de todas y cada una de las funciones a las que he asistido, y ya han sido unas cuantas, en múltiples ciudades, entornos y circunstancias.
    Dicho esto, tengo que dejar claro que cuando voy a un concierto de Drexler mi principal objetivo es pasarmelo bien yo, y por eso voy, porque su calidad como músico me parece que está enormemente contrastada, y porque ir a uno de sus conciertos es, en gran medida, un valor seguro. Ocurre que yo pensaba que iba a asistir a otra de tantas exhibiciones de Drexler sobre el escenario, y es que siempre he tenido la sensación de que sus actuaciones están afiladas prácticamente hasta la perfección, sí, por qué no decirlo, obsesivamente, no es exagerado decir que es un obseso del buen sonido.
    No ocurrió así el viernes pasado, para empezar yo desconocía que se trataba de un espectáculo de música y “danza”, sinceramente no sé si hubiera pagado el precio de la entrada para ver “bailar” a Drexler. La anécdota inicial, curiosa y simpática, en forma de pasos de baile levemente acompasados entre algunos de los miembros de la banda, terminó convirtiéndose en insistente pesadilla porque Drexler aprovechaba cualquier oportunidad para salpicar la actuación de inconvenientes bailoteos, aspavientos, saltos y cabriolas, ocurrencias que provocaban no sólo que dejara de tocar, sino que perdiera el fraseo y abandonara el ritmo del tema en el que se encontraba.
    Por otro lado, quiero atribuir a lo novedoso de la gira los múltiples desajustes, desacordes y destemples, además de la reiterada falta de armonización entre los distintos instrumentos, algo prácticamente nuevo para mí en un concierto suyo, supongo que es cuestión de rodaje y que este tipo de cosas las irán puliendo sesión a sesión.
    Y en fin, espero que alguien le transmita un sincero y reconocido “zapatero a tus zapatos”, no es frecuente seguir a un músico durante tantísimos años, si continúo admirándolo y escuchándolo es porque lo que hace, la música, la hace muy bien, y espero que siga así.

    • Beatriz_efe dice:

      Yo espero que siga así la cosa. No quiero perfección en un concierto. Para mi el sonido fue bueno, la energía fue maravillosa, los bailes deliciosos y espero que Drexler siga así por donde va…

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