Canciones para un roto y un descosío IV


Hay muchas canciones de las que no me cansaré jamás. Y he tenido que elegir solo 10. Ahí van. Con un rollo adosado porque, como ya dijimos en anteriores episodios, soy de natural pelma:

  1. Quique González– Hay muchísimas pero diré “Pájaros mojados” porque hay testigos de que llevo canturreándola sin darme cuenta desde 2002. También me sorprendo muchas veces cantando “Te lo dije”
  2. 3 am de Matchbox 20. Lleva en mi vida desde el 96 y todavía hay días en que tengo la necesidad imperiosa de escucharla muchas veces seguidas.
  3. Sure thing de Saint Germain. El disco salió en el año 2000 pero yo lo compré al escuchar esa canción en 2001. Google ya existía y me pasé una tarde entera investigando hasta que supe quién era el autor. Encargué el disco en una tienda que tardó un montón en traérmelo (Amazon todavía tardaría en aparecer en nuestras vidas) y sé que me moriré pensando qué habrá sido de Ludovic Navarre. Y deseando que decida volver. Tourist es una puta maravilla de disco. He dicho.
  4. No es verdad (Chaouen) él dice que se llama “Desatado” pero No es verdad.  Dudo mucho que Chaouen consiga escribir una canción que me guste más que esta. Y sé que no me canso de ella porque he llegado a escucharla en bucle horas seguidas.  Solo esa.  De verdad.  Decidí que no iba a poner ninguna canción en esta lista que tuviese menos de 10 años porque me parece que una década es tiempo necesario para saber si una canción será capaz de quedarse contigo para siempre pase lo que pase. Pero con esta no tengo ninguna pero ninguna duda desde la primera vez que la escuché.
  5. Hay muchas de Sabina pero diré “Así estoy yo sin ti” porque me recuerdo a mi misma de pequeña (puede que 8 años) riéndome con la letra en el coche camino de Cantabria. La roca rosada de las paredes del puerto y el inicio de las curvas y el mareo y la niña repelente que yo era apretando los ojos fuerte para no vomitar. No sé quién me explicó o dónde leí qué era el muro de Berlín y el telón de acero pero sabía desde hacía tiempo que había dos alemanias y una guerra fría y entendía lo del torero o medio entendía lo de torero. Aquella canción me hacía sentirme mayor. Y lista.
  6. Desatame. Mónica Naranjo. Sí qué pasa. Empieza a sonar ese principio tan hortera y con tantas ínfulas y yo me pongo automáticamente de buen humor. Me dan ganas de bailar y me acuerdo de momentos muy felices y de gente a la que quiero mucho y con la que he pasado mucho. Es una canción dramática e impostada que hemos convertido en un símbolo de nuestra fortaleza y nuestra capacidad para sobrevivir mientras desafinamos riéndonos de nosotras mismas.
  7. So what de Miles. Por decir alguna. Pero vamos, del Miles en plenas facultades no me cansaré jamás.
  8. Everybody here wants you. Buckley era un genio. Esta en concreto porque vuelvo a un verano en el que todo parecía a punto de encajar y estallar y estrenarse y se suponía que yo debería haber estado llorando por los rincones. Y porque es una canción espesa y sexy y lenta de dos respirándose encima y olisqueándose mientras todos alrededor no se enteran de cómo sube la temperatura.
  9. Fantástico amor Eros. Sí qué pasa otra vez. Me gustaría morirme vieja y arrugada y que cuando sea esa vieja arrugada escuchar esta canción me siga haciendo brillar mucho los ojos y sonreír así. Porque es exacta como pocas. Da igual cuánto dure, da igual que sea solo un desajuste químico. Da igual que no llegue a ninguna parte o que mute en otra cosa mucho menos efervescente pero siempre hay algún punto en que es justo esto que cuenta la canción. Eros era un sosaina que no movía los pies de un ladrillo imaginario (momento chotis) y de pronto se puso a cantar esto sobre la euforia inocente, confiada e irracional y yo le creí capaz de vivir aquello.
  10. Princesa bacana por decir alguna de las decenas de canciones imprescindibles en mi vida que ha escrito Drexler. Porque es otra de esas que canto sin darme cuenta. Porque es sol entrando por las ventanas. Porque es preciosa y porque me gustan mucho las canciones felices y los seres generosos que comparten su disfrute con el resto o lo suficientemente listos para conservar esa felicidad de forma que la sensación no caduque nunca aunque lo que la provocó haya desaparecido.
He dejado fuera grandes nombres a propósito. Porque mira, queda mucho mejor poner una de Dylan o algún Requiem de Mozart que Monica Naranjo. Pero el caso es que a mi me parece mucho más llamativo que siga escuchando Desátame algunos domingos mientras cocino y cantando a gritos y dando saltos por la casa y es obvio que no he venido aquí a hacerme la interesante así que no iba a empezar ahora. Esto es lo que hay.
La imagen de portada está sacada de MK-Music
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