Lo que opinamos del Sansan Festival


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La app del festival empezaba todos sus caóticos mensajes con “Sansanitos” y luego algo incomprensible, confuso o poco práctico del tipo:

“Han cambiado todos los horarios de hoy, miradlo en las redes sociales”

o

“Atención Sansanitos la lluvia de ayer (tres gotas) está retrasando el montaje de los escenarios.”

Por no hablar del ganador, a las 21h

“Atención sansanitos YA tenéis publicados los horarios definitivos de hoy”.

Así que decidimos tomárnoslo como casi siempre.
“Atención sansanitos acabamos de sacar los horarios definitivos de ayer pero están mal”.
“Atención Sansanitos, ya no sois sansanitos más, ahora os vamos a llamar sanbarquitos y cambia la mascota del festival”
Y nos imaginábamos al muchacho disfrazado de bobesponja-sansanito cambiándose a toda prisa por el disfraz de sanbarquito. Fuese cual fuese. Y nos daba una risa muy tonta que servía para olvidarnos de detalles sin importancia como que Varry Brava pasasen de las 8 de la tarde a las 3 de la mañana, o que Carlos Sadness repitiese en un escenario que llevaba un retraso de la hostia.
El Community Manager, que empeoró la crisis,tenía pinta de ser amateur (ponte tú con esto que tienes tuister de ese y sabes más o menos lo que es un jastaj) y de tener menos empatía que un zapato. Insistía tozudo en que los cambios eran por petición popular o tras hacer una encuesta y en que todo el mundo estaba muy contento dijésemos nosotros lo que dijésemos.
Altamente razonable que la gente responda en una encuesta que lo que mola es retrasar 7 horas a una banda para intentar no retrasar una hora a otras dos.
Y todo esto mientras nos dices que se adelanta a Ferreiro a las 21h cuando son las 20.45 y acaba de empezar otro concierto en el escenario donde supuestamente tocará en 15 minutos.

Resumiendo:

A partir de un punto decidimos que el excel de los horarios servía solo para invitar a tinto de verano a nuestros fanes más fieles y que lo único razonable era fiarnos de nuestros sentidos (también el arácnido) y desinstalarnos la app y dejar de leer lo que decían en redes para evitar posibles riesgos de instintos homicidas.
Porque en medio del caos horario leer un tuit diciendo
“quieres conocer a Carlos sadness manda la palabra clave quéperranoshadadoconcarlossadness y podrás participar en un sorteo”
nos daba ganas de retorcer pescuezos.
Mikel Izal daba besos gratis a mediodía en la piscina. Pero muchos se lo perdieron porque la app del festival no mandó el aviso
“Atención sansanitos tenemos a Mikel Izal dando besos gratis en la piscina”.

Bromas aparte

Desde aquí queremos darle las gracias a todos los músicos que salvaron el culo al festival y nos hicieron disfrutar estos días como si ellos no estuviesen también hasta los mismísimos cojones de todo.
El viernes no sabemos qué pasó pero aunque la desorganización insistiese en no pedir disculpas, que eso es de pringaos, fingir que estábamos todos encantados y echarle la culpa a los retrasos en las pruebas de sonido como insinuando que los músicos hacían mal su trabajo, vimos con estos ojos a Ferreiro y toda su banda esperando para probar desde las 13h. A Amaral y toda su banda probando sonido a las 14h con un solazo inmisericorde en un escenario principal bastante cutre. Luego Amaral sonaron horrorosamente mal. Terriblemente mal. Lamentablemente mal. Desastrosamente mal. Y alguien le había dicho a Eva que el público se quejaba de su sonido “de broma”.
Sí, ese mismo público bromista que pidió que se retrasase 7h el concierto de Varry Brava. Unos cachondos.
Love of Lesbian hicieron que se nos olvidase todo la noche del jueves . El viernes Smile convirtieron el escenario piscina en el escenario principal y Ferreiro fingió que no estaba harto y dio un concierto que a Beatriz le gustó mucho más que el de La Riviera de hace unos meses a pesar de que sigue pensando que Emilio Saiz le viene muy mal a las canciones con esa manía suya de querer ser el centro de atención todo el tiempo.
El sábado La habitación roja se quejaron de que no les habían dejado probar y realmente sonaban tirando a fatal (puede que peor que las ranas borrachas que croaban en el camino de la acequia) desde nuestro sitio. Pero nos dio igual porque no nos arrebatan y lo único que queríamos era ubicarnos para Xoel.
Y allá que terminamos pegados a la verja del lado de unos de esos bajistas a los que da gusto ver tocar. Nos pareció milagroso que sin prueba de sonido todos los instrumentos sonasen con nitidez y cuando la eléctrica de Xoel dejó de funcionar en medio del momentazo “Asaltante de estanciones” el señor López, con una serenidad digna de mención, dejó con calma la guitarra y se sentó al piano para que ninguno de los de abajo notásemos que pasaba algo. Allí lo único que pasaba era una banda de la leche, el talento del musicazo que es Xoel, un sonido maravilloso a pesar de todo, unas canciones que nos encantan y todos nosotros saltando, cantando y disfrutando como animales irracionales de la hora que nos supo a casi nada pero que nos dejó con la sangre bombeando a toda velocidad listos para Izal que montaron sorprendentemente rápido y sonaron también bien aunque a Beatriz le gustaron mucho menos de lo que esperaba. Seguer dice que es porque no estábamos suficientemente dentro del meollo. Habrá que comprobarlo.
Sobre Marcel Cranc diremos solo que nos encantan sus canciones, que comprendemos que es una putada enorme que te programen a las 13h del viernes y la gente ande por ahí arrastrándose en bañador de bajada de diversas drogas y pasando de ti, que es una putada enorme empezar un concierto para 7 personas.
Pero que esas 7 personas no tienen la culpa de nada de todo esto.
Y que a lo mejor deberías pararte a pensar que esas 7 personas se han levantado de las camas de la zona chillinchillout para acercarse al escenario cuando podrían haber seguido allí tiradas y te habrían escuchado igual y te habrían visto parecido pero tú no eres capaz ni de dar los buenos días. Lo que hace que a mitad del concierto las 7 personas pasen a ser 14 y dos minutos después dos. Porque estás en tu mundo y, como hemos dicho hasta la hartura, los conciertos son una conversación.
Y de lo bien que nos lo pasamos cuando paraba la música no vamos a hablar aquí porque no es el tema. Pero sí, nos lo pasamos muy bien, como sanbarquitos, marcianitos, pseudochicosindies, peregrinos del rocío, turistas de chiringuito, contadores de tonterías, bañistas aguerridos, catadores de arroces, de whisky con miel y un sinfín de papeles que desempeñamos con gran versatilidad mientras la gente del Sansan cambiaba los horarios otra vez.
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