Grandes del Jazz vol 1. Miles Davis


normal_Miles_Davis_02Miles cambió la historia de la música cada vez que le dio la gana. Es así de sencillo.

Con 18 años pudo tocar con Dizzy Gillespie y Charlie Parker (Dizz and Bird para los amigos). Fue un reto para él adaptarse al bebop.  El consejo de “Bird” le llevó a mudarse de costa. Tocar con él en los garitos Neoyorkinos. Dejar los estudios reglados poco después.
El bebop va cronológicamente detrás del swing en la historia del jazz. Lo inventaron los “mentores” de Davis  y otros grandes como Monk. Lo inventaron como se inventan casi todas las formas de expresión artística: rebeldía contra normas que encorsetan y necesidad de decir algo de una forma diferente.
¿Que el swing es rutina? Pues en mi solo me pongo a tocar a ritmo enloquecido y pasándome por el arco del triunfo las armonías y melodías marcadas. Como pasa con todos los cambios históricos triunfó también por el contexto: los músicos empeñados en el swing iban a la guerra, sus sustitutos, más jóvenes, pedían más madera.
La crítica los rechazaba por no ser jazz. Las malditas etiquetas. Eran los marginales, que se daban la mano con la Generación Beat.
Ese fue el jazz que aprendió a tocar el Miles de 18 y 19 años. El endiablado. Después de tener a ese bendito profesor de trompeta que se empeñó en decirle que no vibrase, que ya vibraría cuando fuese viejo.
Cuatro años después, con 22 añitos, se cansó del bebop. Montó una banda rara: 9 miembros, 6 vientos. Su trompeta prodigiosa como seda, dos saxos, una trompa, un trombón y una tuba. Grabaron 3 sesiones, 12 temas. Se inventaron el cool. El disco se publicó 5 años después de las sesiones y se llamó “Birth of the cool” cuando el creador del cool ya se estaba cansando de aquello.
A la crítica le pareció interesante su “comedida audacia”. Yo no sé lo que es eso.
Creo que es un disco audaz sin más. Porque es audaz con 22 años decirle a Charlie Parker que ya valía de bebop. Que mejor be cool. Que calma. Que a lo mejor podían acercarse a la música clásica europea.
Supongo que aquí influyó que la madre de Miles fuese profe de música y que él hubiese pasado por escuelas digamos “estándar” antes de aprender tocando con los buenos. Y es curioso que dejase la escuela neoyorkina unos años antes porque solo les enseñaba música europea.
Los músicos blancos adoptaron el cool: Chet Baker y Stan Getz son sus máximos exponentes.
Miles fue a París. Conoció a los intelectuales franceses, enamoró a Juliette Grecó. Volvió de París, grabó y grabó (de esta época son sus sesiones para Blue Note) hasta que su adicción a la heroína afectó a su arte. Perdió la brillantez.
En julio de 1955, después de dejar la droga encerrándose a pasar el mono en un cuarto de la casa de su padre, tocó “Round midnight” en el Newport Jazz Festival como nunca antes y puede que nunca después nadie ha tocado esa canción. Tenía a su autor, Thelonious Monk, tocando el piano a su lado. Casi 60 años después de esa grabación, cuando llevo una temporada sin escucharla se me llenan los ojos de lágrimas. A veces sin darme cuenta. Sé que es Round midnight porque estoy trabajando en cualquier cosa, concentrada, y de pronto no veo.

Alguien de Columbia Records entendió lo que estaba pasando allí y le hizo un contrato que duraría muchos años y le permitió tener lo que los expertos llaman “su primer gran quinteto” que a veces fue sexteto.  John Coltrane, el pianista Red Garland, el bajo Paul Chambers y el baterista Philly Joe Jones.
En octubre de ese mismo año grabaron “Round about midnight”. Empieza otra etapa de efervescencia en la que Miles graba y toca y viaja como enloquecido y hay idas y venidas de músicos en su banda.
En 1959 vuelve a cambiar la historia del jazz. Kind of Blue. Diez horas de sesiones entre el 2 de marzo y el 22 de abril de aquel año son suficientes. Diez horas de sesiones que cristalizan en ese disco emblemático y no me hago una idea de cuántas horas de darle vueltas en la cabeza al asunto.
Es histórico porque se basa en formas modales frente a la secuencia lineal de acordes del jazz hasta entonces. Para los que sabemos la música que estudiamos en el cole, es decir muy muy poca: las formas modales se usan en el gregoriano, el folclore de Europa del Este y la música impresionista (Debussy, por ejemplo). Vuelvo a sospechar que el bagaje de Miles le permitía entender esto que yo noto cuando escucho Kind of blue pero notaba también con 14 años cuando la profe de música me ponía a Debussy y me gustaba mucho más que la música barroca de la semana anterior. Supongo que algo con las formas modales nos ayuda a los gatitos de escayola aunque quizá alguien que sepa de música se esté llevando ahora mismo las manos a la cabeza pensando “esta qué coño dice”.
Total, que Kind of blue es un disco histórico por eso. Pero también porque es precioso e intemporal. Y encima está tocado por la que para mi es la mejor banda que tuvo Miles nunca.
John Coltrane al saxo, Paul Chambers al contrabajo, “Cannonball” Adderley al saxo alto, Jimmy Cobb a la batería y Bill Evans al piano.
A Coltrane le llegó el momento de formar su propia banda poco después (aunque siguió girando con Miles) y Davis perdió a uno de mis saxofonistas favoritos para las grabaciones.
La historia del jazz ganó muchísimo con esta decisión de Coltrane tanto por un lado como por el otro pero de Coltrane, si quieren, hablamos otro día con más calma.
Miles probó varios saxofonistas hasta encontrarse con Wayne Shorter. Entonces tuvo lo que los expertos llaman su “segundo quinteto clásico”. Era 1964 y duraría 4 años. Suficiente para volver a liarla.
El segundo quintento está formado por Wayne Shorter como saxo tenor, director musical y compositor, Ron Carter contrabajo, Herbie Hancock piano y Tony Williams batería. Todos y cada uno de ellos aportaron algo nuevo a la sonoridad de Miles que admiraba a Jimmy Hendrix y se sacó de la manga el jazz rock.
El segundo quinteto clásico ya se había disuelto cuando se grabó Bitches Brew que fue EL DISCO de jazz rock. El que aplanó a todos los demás si me permiten ponerme excesiva.
Miles estaba sin ideas. Seco después de aquel alarde. Entre 1969 y 1970 había grabado al mismo ritmo al que aprendió a tocar con Parker. Endiablado. Se quedó vacío. Algunos genios llevan mal la sequía. Volvió a los problemas graves con las drogas, desapareció del mapa para reaparecer en los 80 grabando discos con influencia funk y algo que podría ser considerado embrionario del acid jazz. Eran los años finales y ya no tocaba igual la trompeta. Ya no podía tocar igual la trompeta. No tenía ni los pulmones ni la boca en condiciones. Entonces empezó a vibrar. Como pronosticó su profesor. Y perdió parte de eso que le convirtió en leyenda.
Los expertos dicen que Miles es uno de los músicos más influyentes del siglo XX. Pero lo mejor que tiene es que no hace falta saber nada de todo esto para escucharle tocar y estremecerse.
Hasta 2009 yo no sabía ni una sola palabra de todo este rollo que les acabo de soltar. Ni una sola. Lo único que sabía de Miles era que era negro y felino en sus movimientos, que en todas las fotos de joven parecía que le acabasen de planchar la ropa y que cuando él toca la trompeta se para el mundo. Más que suficiente.
Saber todo esto me ha servido solo para soltarles este rollo, escribir un relato sobre su historia con Juliette, que es la razón por la que aprendí todos estos datos, y entender por qué Kind of blue me parece tan diferente a Birth of the cool y a Bitches brew.
Aunque no me ha servido para saber qué es lo que tiene este hombre que lo hace inconfundible a pesar de haber pasado por estilos y formas de tocar tan diferentes entre sí. A lo mejor porque ya lo sabía de antes. Un talento que no es de este mundo.
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Comments
5 Responses to “Grandes del Jazz vol 1. Miles Davis”
  1. Yo soy más de música con letra y me has hecho escuchar una canción que hacía mucho que no ponía, el “Miles, Miles, Miles” (a mí siempre me ha sonado a “Miles smiles, Miles smiles”) que le dedicaron Esclarecidos: “Me quedé de piedra, me sentí morir, / ya no tuvo sentido / ni el antes ni el después… Con su chupa roja, apretándose… / a las tablas… / Balanceando la trompeta y sin mover los pies…”. Bueno, ¡que copio la letra entera! Es de esos textos evocadores, como los tuyos. Y la voz de Cristina Lliso tiene algo de ese sonido cool de la trompeta…

  2. Beatriz_efe dice:

    Me dices siempre unas cosas muy bonitas, Hoardings! Y encima me descubres canciones de las que no conocía nada. Así que gracias!

  3. ráscame dice:

    Pues me ha gustado el artículo. Respecto a Miles, siempre me pareció que su merecidísima fama de gigante de la música le acababa otorgando cualidades que nunca tuvo. Un líder y un visionario lo fue, sin sombra de duda. Pero un gran solista no. Y eso me parece tanto más claro cuanto más oigo un solo suyo seguido de otro de Trane o de Cannonball o de Shorter o de Evans.
    Es discutible, ya, pero tengo para mí que buena parte de la grandeza de la obra de Miles se debe a su ojo para rodearse de músicos despampanantes. Y hasta creo que él lo mencionó en alguna ocasión.
    No es que tenga mucha importancia, esto. Pero me apeteció comentar…
    Saludos

    • Beatriz_efe dice:

      A mi Miles, cuando estaba bien para soplar, que era muchísimas menos veces de las que grabó me parece un gran trompetista. Hay una cualidad de seda en su forma de tocar que me gusta mucho y me llega mucho. Pero como tú bien dices es cuestión de gustos.
      Y sí, estoy contigo en que olía un buen músico o un buen apoyo para su carrera de muy lejos.

      Y luego ya, me alegra mucho que te haya gustado y sobre todo que te haya apetecido comentar porque así he conocido tu blog!
      Muchas gracias y saludosss 🙂

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