La triste historia del telonero y los incautos que tuvieron que verlo


Es duro, lo sabemos. Estás tú ahí casi solo ante el peligro. Casi solo, porque la poca gente que hay no está allí para verte a ti. Salvo honrosas excepciones de amigos, familiares y guiris borrachos desorientados a los que el destino ha guiado, al resto le das igual. Seamos sinceros. Siendo tu día de suerte (probabilidad reintegro en el sorteo de navidad), puede que el segurata del camerino se quede con tu cara y te deje entrar a recoger tus cosas. Con un nivel de probabilidad pedrea igual hasta te prestan atención y si los planetas se alinean correctamente puede que les gustes y hayas ganado un fan para los restos (¡Vaya! justo ahora que pensabas retirarte porque te ha tocado el gordo…).

Para nosotros tampoco es fácil, estamos allí ansiosos esperando ese concierto para el que compramos la entrada ya ni se sabe cuando, puede que aún existieran las pesetas, y en vez de encontrarnos con nuestro objeto del deseo nada más entrar tras la espera a que abran puertas nos meten a un señor de marrón, a un ajedrecista de de psiquiátrico, y/o un hombregato maullador. Como somos personas educadas y de bien queremos comportarnos y prestar atención. Además, nos gusta descubrir cosas nuevas y nos encantaría que nos encantase, pero no. Es como estar en una clase de derecho civil con un profesor que no cambia el tono ni para dar los buenos días, miramos el reloj y juraríamos que han pasado más de dos minutos desde la última vez, o se ha roto o nos han abducido los extraterrestres. En ese momento cualquier tontería que quiera contar alguien es infinitamente más interesante. No tenemos papelitos para pasarnos notas, ni libros para pinturrajear, ni tippex para pintarnos la uñas, así que irremediablemente las únicas opciones son: el ataque de risa tonta y darnos la vuelta para charlar. Sí lo sentimos, pero no podemos, no hemos venido a ver al amigo del alma del artista principal por muy bueno que a él parezca y para lo único que ha servido es para dejarnos claro que si no fuese por colegueo este tipo no tocaba ni en su casa. Por no hablar de cuando además los estilos no concuerdan ¿de quién ha sido la idea de que para calentar antes de un concierto heavy lo mejor es un unplugged/lo-fi/lamadrequete… (y viceversa)? Y ya como guerra personal, en serio, no, no necesitamos más niñas lánguidas con guitarra en ristre cantando en inglés.

Así que por favor, artistas, promotores y demás culpables, dadle una vuelta a la hora de elegir telonero, que no parezca que salís a la puerta y agarráis al primero que pasa. Y perdonad nuestras ofensas, así como nosotros perdona… estooo, mejor lo dejo aquí.

Foto de aquí.

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