El Sonorama me subyuga (otra vez).


Decían los carteles que “Aranda es Sonorama y Sonorama es Aranda” hasta tal punto nos lo hemos creído en Witty que estamos convencidos que el resto del año la ciudad no existe, que en realidad todo son figurantes. No hay señoras que atraviesan la plaza con la compra y te preguntan quién toca hoy, ni señores que intentan emparentarte con sus nietos, ni autobuseros majetes que desvían su ruta para dejarte en la piscina, ni camareros sonrientes a pesar de que le invades el baño y los enchufes, ni los responsables de la bodega con los que comentas como te ha ido el año porque resulta que ya hasta te conocen… Todos están compinchados para que no podamos negarnos a volver un año y otro. Y claro, en nuestra inocencia caemos en el engaño y allí estamos una vez más dispuestos a darlo todo, a entregar nuestros sonos y nuestras voces.  Y como nosotros miles y miles de incautos inmersos en tres días de temazos y buen ambiente, ambientazo, ambientaquen. Porque si hay algo que nos subyuga de este festival es el ambiente, vamos, que los sonoritos moláis mil (Mención especial a mis sonoritos que por algo venían conmigo, sois Hamor).

En teoría esto consiste en ver conciertos, y entre otras cosas eso hicimos, desde que comenzamos el jueves con Egon Soda, somos fieles a los que abren el festival, hasta el final con Los Madison. Sí, lo confesamos, el sábado nos retiramos pronto pero es que Cállate Zorra en las bodegas nos dejó agotados, sin duda lo mejor del festival, ¡difunde la palabra! Entre medias vimos escoceses varios que saben lo que se hacen y lo hacen bien y grupos patrios de todo pelaje y condición. Servidora no se cansará nunca de ver a Xoel, a Havalina, a Maga y The New Raemon si algún día decide volver, de pegar botes con Lori Meyers, y seguramente repetirá siempre que pueda con León Benavente, Egon Soda, McEnroe, Los Madison, Izal, Luis Brea, y todo aquello que ví por primera vez.

Luego están las cosas malas, pero son pocas, los monstruos del baño pricipalmente. Por favor, tiene que haber un sistema mejor, especialmente en el camping, que solo pasar al lado ya revolvía nuestros estómagos llenos de Ribera. También el sonido infernal de la carpa. La carpa nos ha dado grandes alegrías y descubrimientos, pero también algún dolor de cabeza y desilusión. Y es que hay cosas imposibles de escuchar ahí y por muy bueno que sea el grupo acabas yéndote por tu bien. Y el horario impreso, seguimos queriendo el formato Excel. Esperamos mejoras próximas porque vemos que tomáis nota, esta vez por ejemplo, con los vasos reutilizables, gran acierto, de 10 si añadís algo con lo que poder colgarte el vaso para aplaudir e implicáis a los hosteleros del pueblo para que la Plaza quede más limpia tras la marabunta.

Pero bueno, no sé porque me molesto si al fin y al cabo, todo esto del Sonorama es producto de nuestra imaginación. Por favor, ¡¡si hasta llueven agujas de pino en vez de agua!!

Foto: Ana Arias.

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