Fucking overbooking


Podríamos empezar diciendo que no hemos aprendido nada del Madrid Arena. Que por ganar 500 euros más se pone en riesgo a la gente llenando las escaleras, taponando las salidas de emergencia, convirtiendo en una odisea que la chica mareada y su novio abandonen la cárcel.
Pero no vamos a hacerlo. Porque una sala que vende 50 entradas más de su aforo asimilando el concepto de overbooking como propio. Una sala que toma esas decisiones y cuando ve que sus clientes están como sardinas en lata hacen graciosos comentarios del tipo “esperamos que los 30 que faltan por entrar estén enfermos” y cuando varios clientes se quejan de la situación responden “sí, a ver si la próxima vez vendemos menos y estáis un poco más anchos” es obvio que tiene cero interés en cualquier argumento que se base en la salud y la seguridad del público.
De la misma forma en que no les importa el trato exquisito al cliente como modelo de negocio o el respeto por el músico que toca y tiene que sufrir a los asistentes espachurrados con dificultades para respirar y pocas energías para aplaudir.
Ni siquiera les preocupa que alguno de los sufridores, harto o asustado, llame a la poli. Porque saben que todos los municipales están controlando a los peligrosos perroflautas que pasean sus pancartas por Sol.
Hablemos pues, de pasta, que es lo que les mueve.
Supongamos que el aforo óptimo de una sala cualquiera es 250 personas. Supongamos que ponemos las entradas a la venta a 10 euros. Si vendemos todo sacamos 250×10= 2500 euros en taquilla.
Supongamos que cada uno de esos 250 se toma una consumición a una media, tirando por lo bajo, de 4 euros 250*4= 1000 euros.
Supongamos ahora que nos pasamos la ley por el forro y tenemos la brillante idea, o tentación de vender 50 entradas extra porque la crisis y está todo muy mal y hay que aprovechar y el público es pirata y ladrón y son de la cultura del todo gratis y esas cosas.
Se recaudan en taquilla 300×10 = 3000 euros. Hasta aquí todo marcha. 500 euros extra. Unos geniazos de la gestión y optimización comercial. Ya solo nos falta montar una SICAV y abrir cuenta en Suiza.
Pero ahora viene cuando las matemáticas se ponen cachondas. O las leyes de la física se imponen.
Los 250 se pueden mover cómodamente a la barra y al baño. Así que les apetece la cervecita o la copichuela o el refresco.
Los 300 no se pueden mover, han encontrado la postura en que respiran sin notar el codo del vecino en el hígado. Les duele la espalda pero van tirando. La idea de salir de ahí, hacer cola en la barra, volver a su lugar, encajar su cuerpo-pieza de tetris con el cuerpo pieza de tetris de sus amigos y los desconocidos que les rodean les apetece lo mismo que un disparo a bocajarro en el píloro
Encima si bebes a lo mejor te dan ganas de ir al baño y entonces tienes que montar dos expediciones. Conclusión. Quietos todos.
Los que toman algo son los 50 que están relativamente cerca de la barra y los 50 héroes o alcohólicos que pasarían por eso a cambio de una cerveza. Tirando por lo alto.
En el caso que nos ha llevado a escribir este texto de las 50 personas que mi vista podía controlar NINGUNA tomó nada. Un chico salió 3 veces de la masa a la barra de la mitad para adelante. UNO.
Una chica al baño. Luego ya los desmayados, y los hartos que se fueron al bar de enfrente a beber y respirar.
100*4=400
Venga, vamos a suponer que después del concierto, algún superviviente deshidratado picó y vamos a contar 125 consumiciones en lugar de las 100 que hoy nos hemos levantado generosos.
125*4 = 500
Es decir, a estas alturas y siendo benévolos estamos ingresando en caja la misma cantidad que si hubiésemos sido legales. Ahora los geniazos de la gestión están rellenando el formulario de la cuenta en Suiza y pensando que sí, que es el mismo dinero pero con menos gasto porque ni siquiera han manchado vasos.
Pero esto no tiene en cuenta el daño futuro. Daño que hace, por ejemplo, que las 3 personas de mi grupo no volvamos a la sala en cuestión salvo casos muy muy muy especiales.
No nos atrevemos a extrapolar por los demás. Pero si nosotras 3, que antes nos gastábamos unos 50 euros al mes en esa sala (entre entradas y noches de fin de semana contando el mes menos callejero del año)  después del otro día hemos decidido vetarla salvo excepción. Si al menos 3 les hemos vetado, es obvio a estas alturas que vender 50 entradas de más un día les ha hecho perder, como mínimo ingresos por 600 euros al año.
Como mínimo. Porque intuimos que la pareja de la chica desmayada y los 3 que habiendo pagado la entrada salieron a medio concierto directos a la calle tampoco tendrán muchas ganas de volver al garito en cuestión.
Y seguimos generosos, porque tampoco contamos cómo afectará lo que nosotros vivimos a las futuras decisiones de nuestros amigos.
¿De verdad os compensa?
P.S. No damos el nombre de la sala, porque tenemos más clase que ellos que ni siquiera se dignaron a contestar quejas de algunos asistentes vía twitter.
P.P.S Sí, el título es de una canción de Tontxu que particularmente no me  gusta nada, pero que pegaba mucho.
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